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Published on agosto 22nd, 2015 | by Alfredo Mateos Paramio

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1. La partida de Edo/Tokio.

Basho sale de su cabaña avanzada la noche. No lleva provisiones para el viaje. El viento ulula en la orilla oriental del río Sumida, anunciando el otoño.

Texto original:

千里に旅立て、路粮をつつまず。「三更月下無何に入」と云けむ、むかしの人の杖にすがりて、貞亨甲子秋八月、江上の破屋をいづる程、風の声、そぞろ寒げ也。

senri ni tabidachite, michikate wo tsutsumazu. ‘sankō getsuka muka ni iru’ to iikemu, mukashi no hito no tsuwe ni sugarite, jōkyō kinoenu aki hachigatsu, kōjō no haoku wo izuru hodo, kaze no koe, sozoro samuge nari.

Empiezo un viaje de mi leguas, sin envolver comida para el camino. Apoyándome en el bastón de un hombre de otros tiempos, de quien se dijo que ‘entró en la inexistencia noche cerrada bajo la luna’, salgo de los límites de mi choza junto al río en otoño, en el octavo mes de la era jōkyō, mientras la voz del viento vaga en el aire frío.

 


La cabaña de Basho en Edo / Tokio

Salvo las aguas interminables, todo ha cambiado junto al río Sumida, en la antigua zona de Fukagawa, donde Basho instaló su cabaña en la década de 1680. En lugar de los muros de hormigón y de las calzadas de asfalto, medraba entonces una ribera casi salvaje, tal y como se aprecia, envuelta en bruma, en las estampas de Hiroshige que recogen al fondo este barrio cercano a los terrenos de caza del shogun y donde todavía a principios del s. XX la nobleza conservaba grandes fincas.

Ribera de Fukawaga. Hiroshige

Por lo que cuenta Basho en su diario, emprende viaje a principios de septiembre de 1684, a los 41 años de edad, en compañía de su discípulo Chiri. Se dirige a la aldea de Ueno, en la antigua provincia de Yamato, hoy Osaka, su lugar de nacimiento y donde en agosto del año anterior ha muerto su madre. Se pone en camino 三更, “en la tercera guardia”, avanzada ya la medianoche, antes del amanecer. La alusión al monje que entró en la nada bajo la luz de la luna, impregnada de léxico zen, suena como un ominoso presagio, al igual que el ulular del viento en la oscuridad. La “voz del viento” indica la llegada del otoño, como en el antiguo poema (KokinShu, 169) de Fujiwara no Toshiyuki (finales del s. X):

秋来ぬと
目にはさやかに
見えねども
風の音にぞ
おどろかれぬる
aki kinu to
me ni wa sayaka ni
mienedomo
kaze no oto ni zo
odorokarenuru
Aunque mis ojos
no consigan verlo,
el otoño ya ha venido:
de pronto me sobresalta
el sonido del viento.

 


La ruta

En este mapa iré apuntando los sucesos de la ruta a medida que vaya traduciendo este Diario a la intemperie de Basho:

Ver en GoogleMaps.

El entorno de la cabaña de Basho

Cuesta encontrar el Basho Museum. Lo mejor es ascender de la parada de metro de Morishita, caminar hacia el río Sumida y torcer a la izquierda por la última calle abierta al tráfico rodado antes de llegar al puente. En la acera del lado del río, en el centro de la segunda manzana, una puerta techada da a un jardín de bambúes. Ahí es. El memorial, más que museo, no se encuentra en lugar exacto de la cabaña de Basho, ya desaparecida, pero el sitio es bastante tranquilo y, con sus frondas mínimas entre el agua cautelosa y sus haikus caligrafiados en piedra, ayuda a evocar la umbría del banano (basho) que trasplantó junto a la choza uno de los discípulos del poeta y que le prestó su sobrenombre.

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Street View

Fūtoku Kobayashi, editor de las obras de Basho en 1773, incluyó está plancha tras la portada, al frente de las primeras páginas del libro. La imagen, tomada del ejemplar guardado en la Universidad de Waseda, muestra a un Basho pensativo detrás del banano que le presta nombre, y junto a un estanque. La cabaña real seguramente sería bastante más pobre.

Después de visitar el Museo Basho, en lugar de salir por la puerta principal, hay que llegar hasta el muro trasero y acceder por una puertecilla al camino peatonal que bordea el río y a lo largo del cual, en elegantes paneles de granito y acero, figuran algunos haikus escritos por Basho durante su estancia en este barrio de Tokio entre 1680 y su muerte en 1694. Por ejemplo:

basho.haiku.hototogisu

郭公声横たふや水の上

hototogisu
koe yokotau ya
mizu no ue.

La llamada del cuco
se acuesta
encima del agua.

 

 

 

 

Caminamos a continuación hacia el sur, aguas abajo, y muy poco más adelante, llegamos al encuentro del Río Sumida con el canal Konakigawa, donde siempre hay unos cuantos pescadores ociosos, acodados con sus cañas sobre la barandilla.

kiyosubashi

Unas breves escaleras nos permiten acceder a otro espacio dedicado a Basho, presidido por una de esas escultura en bronce que plagan todas las ciudades del mundo. Ésta se inspira vagamente en el retrato que pintó del poeta uno de sus discípulos, Ogawa Haritsu, en 1738, y que prefiero reproducir aquí. Habían pasado ya cuarenta años de la muerte de Basho, pero en la memoria del pintor pervive, parece, la mirada inquisitiva y acaso burlona del poeta:

bashozosho.ogawaharitsu

Siguiendo la curva de la desembocadura del Konakigawa, a muy pocos metros, está el pequeño templo de Basho Inari, construido, como tantos otros, alrededor de una reaparición seguramente inventada: en 1917, tras un tifón, emerge una piedra en forma de rana, que los habitantes del barrio identificaron como una señal de Basho y su tan celebrado haiku:

古池や蛙飛こむ水のおと
furu ike ya
kawazu tobikomu
mizu no oto.
El viejo estanque.
Una rana salta.
El ruido del agua.

Tokyo. Basho Inari Jinja

El templo erigido entonces ardió en la Segunda Guerra Mundial, pero aunque éste se reedificó en 1975 tiene ese aire intemporal de todos los templos budistas en Japón, donde la forma acoge sucesiones de árboles y de piedras, y las capas de pintura se renuevan igual que los ritos milenarios del agua fresca en la piel y la palmada de cada peregrino despertando a los dioses de su somnolencia.

 

 


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